jueves, julio 25, 2024
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Jamaica, una escapada en el Caribe

Santo DOmingo
Ya llevamos cinco días en Jamaica. El propósito principal de nuestra visita a este país era participar del V Camporee Interamericano Conquistadores en Misión, un evento que realiza la Iglesia Adventista del Séptimo Día cada cinco años en países de Interamérica. Sin embargo, el espíritu aventurero y el deseo de turistear nos movieron a conocer más la ciudad donde estábamos.

El segundo día planificamos una salida espontánea con un taxista local que llegó al lugar del campamento. Harolyn, una de mis compañeras, se acercó hasta donde el señor y con su buen dominio del idioma le preguntó a dónde podíamos salir y por cuánto él nos llevaba.

Michael, nombre del chofer, nos dijo que por unos US$60.00 nos llevaría hasta el pueblo de Falmouth y nos regresaría al Estadio Trelawny, lugar donde acampábamos.

A la mañana siguiente estábamos listos para el recorrido. Nos paramos en una plaza comercial, allí entramos a varias tiendas, compramos unas medias jamaiquinas, fuimos al supermercado local, probamos los famosos snacks picantes y luego nos detuvimos en una pizzería para comer.

Caminamos alrededor de 30 minutos hasta llegar a la icónica Iglesia de San Pedro. Con un estilo colonial, esta edificación tiene la particularidad de que en sus alrededores descansan algunos cuerpos. ¡Sí! Tiene un cementerio en el patio.

De allí nos trasladamos hasta la Iglesia Bautista William Knibb Memorial Church. Su edificación también es de estilo colonial, pero el diseño arquitectónico del interior del techo la hace distintiva. Seguimos caminando con el objetivo de llegar hasta la playa, pero entre los mercados, las ventas de rubros, comida asada, el colorido de los uniformes estudiantiles, bebidas refrescantes y un cálido clima, las horas transcurrieron y tuvimos que regresar porque ya el sol se ocultaba.

MONTEGO BAY
En el paquete que adquirimos para asistir al campamento estaba incluido un tour hasta el río Dunn, popularmente conocido por el nombre de la ciudad, Ocho Ríos. Para entrar allí es obligatorio el uso de calzado de agua; la búsqueda de este calzado nos llevó a realizar otra salida turística, pero esta vez a conocer Montego Bay.

Salimos del estadio a las 2:00 de la tarde con nuestro ya amigo Michael con el propósito de buscar el calzado. Cabe destacar que Michael nos dio un trato afable, ameno, no solo ejerció su rol de chofer, sino que se empeñó en mostrarnos las bellezas de su país, incluido el trato de su gente.

Hicimos muchas paradas, la primera en una plaza donde según nuestro amigo podríamos encontrar las alpargatas a un buen precio. En 20 minutos anduvimos tres tiendas y salimos con termos, llaveros, ropa de baño, pulseras, aretes y, por supuesto, las alpargatas. Nos faltó tiempo para terminar de conocer toda la plaza, pero Michael nos decía que debíamos seguir para conocer más.

De allí cruzamos por el famoso letrero de la ciudad y con todo el riesgo que conllevaba parquearse en la pista, pues era una avenida principal, el chofer nos ayudó para que no nos fuéramos sin una foto de allí.

La siguiente estación fue hasta la colina Beryllium. La vista desde allí arriba es impresionantemente hermosa. Todos los colores de la naturaleza se unen para dejar en el espectador un recuerdo único. Entre las cosas impactantes que se veían, llamó nuestra atención cómo la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional de Sir Donal Sangster termina en las aguas del mar. La casualidad nos permitió presenciar un aterrizaje en ese mismo momento.

Este día conocimos también la playa Harmony, con un oleaje suave, arenas blanco hueso y un ambiente tranquilo; era imposible que nativos y turistas no decidieran aprovechar y pasar unas horas compartiendo en sus alrededores. Allí comimos los helados más famosos del lugar, hablamos con las personas locales, grabamos a un grupo de baile que practicaba y presenciamos una hermosa puesta de sol.

Ya eran casi las nueve de la noche y teníamos que regresar, pero no sin antes probar la comida tradicional de Jamaica. Nuestro guía y chofer nos llevó al que según él era el sitio ideal para esto; no se equivocó. Aunque particularmente solo pude comer una cucharada del pollo con curry que pedí, a mis compañeros les fue muy bien con el pollo Jerk y chivo al curry. Debes ir preparado porque la mayoría de la comida es picante.

LLEGÓ EL DÍA
“La guagua sale a las 8:00 de la mañana”, esas fueron las palabras del pastor David Uribe, indicándonos que el Viernes Santo saldríamos hacia Ocho Ríos.

Luego de dos horas de camino, llegamos al lugar. Nuestro cabeza de equipo, Daniel Martich, se encargó de recoger el dinero para la entrada y en pocos minutos iniciamos el recorrido.

A medida que vas entrado se observa un ambiente de relajación, a mano izquierda de la entrada se encuentra un miniparque acuático para el disfrute de los más pequeños, a la derecha hay diferentes gazebos con asientos. Todo el trayecto es descendiendo.

Al llegar al punto de partida nos dividieron en grupos de 30 a cargo de un guía local. La nuestra se llamaba Tammy y, a pesar de hablar un idioma distinto al nuestro, usó toda su creatividad y una gracia particular para darnos a entender las reglas del lugar.

“Subimos en una fila agarrados de las manos, deben escuchar mi voz y mi silbato, si necesitan ayuda me llaman a mí, ustedes son mi grupo”, fueron algunas de las reglas principales.

Cuando bajamos, Tammy nos dio 20 minutos para disfrutar de la playa. La unión entre el agua dulce del río con la salada de la playa hacía la experiencia más memorable. Al sonido del silbato nuestro grupo se agarró de las manos y empezamos a subir.

Uno ayudaba al otro, y donde la guía indicaba nos parábamos a disfrutar el charco y, obviamente, a hacernos fotos y videos. Ella misma nos sirvió de fotógrafa. Entre rocas, fuertes corrientes de agua, miedo, adrenalina y trabajo en equipo fuimos ascendiendo cada charquito que el río Dunn tiene para disfrutar.

Al centro, la amistosa guía Tammy.
Al centro, la amistosa guía Tammy.CARMEN GUZMÁN

Estábamos cansados, pero nadie lo reflejaba. En uno de los charcos hay un tobogán natural formado por las rocas donde los guías se encargan de ir lanzando a los turistas, ¡maravilloso! Mientras se va subiendo llega un momento en que tienes que cruzar agachado, sosteniéndote con tus manos y piernas, ya que un puente atraviesa el camino; eso hace la experiencia más emocionante. Aunque puedes bañarte allí debajo se recomienda seguir el recorrido hasta la claridad.

Cada charco es único. La mezcla de la naturaleza que allí se ve, caminar entre la corriente de agua, sentir la adrenalina, compensa el tiempo y el precio pagado.

Si ciertamente nuestra guía fue demasiado buena, lo mejor fue cuando terminamos de subir, nos dijo: “En la vida siempre habrá obstáculos, pero no permitas que ninguno te detenga hasta que llegues a la meta. Ánimo y hacia adelante”.

Si vas…
Río Dunn
Para entrar al río Dunn es obligatorio hacerlo con calzado de agua o un calzado que no resbale. En el lugar venden en caso de que no lleves.
No se puede entrar comida, hay que consumir en el lugar. Con aproximadamente US$25.00 dólares americanos comes y bebes.
Además de la playa y el río también se puede hacer zip line.
Dentro del lugar hay varias tiendas rápidas donde consigues souvenirs, traje de baño y protector para el celular.
La entrada general cuesta US$25.00.
Los guías te acompañan para subir, luego de eso puedes bajar a la playa y disfrutar allí el tiempo que quieras.
Abre a las 9:00 de la mañana y cierra a las 4:00 de la tarde.

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