domingo, mayo 26, 2024
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“Ama y trabaja, juega y reza”

Santo Domingo
El pasado día primero de mayo no trabajamos porque era día del trabajo. ¿No le parece esto un tanto contradictorio? El primero de mayo, desde 1889, se celebra internacionalmente el Día del Trabajo, para reivindicar la lucha de los obreros por sus derechos laborales.

Con el trabajo se transforma la naturaleza para servicio y satisfacción del hombre. Es algo básico y fundamental de la existencia humana. También suele decirse que el trabajo es un gasto de energía psicofísica cuyo objetivo es la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades del ser humano.

Pero, el trabajo no es sólo “hacer” o “producir”. A todo trabajo se le adiciona otro trabajo, que es, el estar con los otros. Siempre que trabajamos lo hacemos: con los demás, para otros o en contra de otros.

Por otra parte, la Biblia considera que el trabajo es una consecuencia de la desobediencia del hombre con respecto a Dios: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. “La tradición cultural judeo-cristiana presenta el trabajo, en el peor de los casos, como la penitencia del pecado original y, en el mejor, como resultado de la necesidad. Según el Papa Francisco “el trabajo es una vocación que viene de Dios Padre”. Por otra parte, la Doctrina Social de la Iglesia asevera que el trabajo es «todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias”.

Según, Freud, Padre del psicoanálisis, la salud mental viene dada por la capacidad de amar y de trabajar. Los psicólogos humanistas añadieron dos características más: jugar y orar. Entonces, una persona sana es aquella que “ama y trabaja, pero que también, juega y reza.

El trabajo es necesario para la existencia humana e incorpora un elemento de voluntad que lo convierte en una actividad libre y, de manera general, en la base de toda libertad”. El trabajo es un bien personal y social.

Por otra parte, el trabajo también puede convertirse en un refugio de las frustraciones; en una especie de adicción. En ocasiones, calificamos como “vagos” a quienes no trabajan. El término “vago” sólo sirve para estigmatizar, para paralizar a una persona y condenarla al exilio. Alguien que no trabaja, muchas veces, queda fuera del sistema, ha sido arrojado, expulsado; que tiene una historia de frustraciones y de carencias. Los salesianos promovemos la inserción laboral juvenil.

Don Bosco, como educador tuvo su visión del trabajo. Además de la “moral del placer”, él impulsó también la “moral del deber”. Educó a los jóvenes para el aprovechamiento del tiempo. Para el santo, la vida era deber, compromiso y responsabilidad moral; por esa razón, el tiempo representaba un tesoro. “El trabajo era una forma de cultivar y de salvaguardar la moralidad”. Constituía una necesidad existencial, pero también un valor a través del cual se construye, se realiza y se expresa la persona. Existe una gran diferencia entre trabajar “para producir” y trabajar “por amor”. Repetía a los salesianos: “El trabajo y la templanza harán florecer la Congregación”.

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